jueves, 28 de agosto de 2014

Algunas puertas {TH}

Pairing: billshido
Categoría: slash
Rating: T
Día 7-Muerte de  personaje
Número de palabras: 1195



Bill no gritó porque se le había ido la voz de la garganta, pero apretó los puños con fuerza y se mordió la lengua hasta casi sentir dientes contra dientes. No gritó, pero pateó la pared con fuerza y se sentó a esperar en el silencio abrumador de la habitación.



Bill no gritó, pero cuando todo el movimiento se hubo terminado, se levantó de donde estaba, tomó el arma que se había quedado en el suelo, y caminó sin dudar, caminó como si estuviera completamente seguro, como si toda su vida hubiera hecho aquello y jaló e gatillo antes de que alguien pudiera decir algo, antes de que pudieran pedir auxilio o rogar por sus vidas, y entonces entendió que así era para todos probablemente, no importaba cuán dramática pareciera la situación, uno simplemente moría cuando se le disparaba sin pensar, no había tiempo de decir últimas palabras ni hacer últimas llamadas, o siquiera echar una última mirada, uno simplemente moría si se le disparaba adecuadamente, y entonces entendió todo lo que Bushido había estado intentando enseñarle desde que llegó a invadir su espacio, aquello que creía ya tener asimilado y comprendido.



La noche que llegó a aquella casa hacía frío, él había perdido un zapato en el camino y su chaqueta estaba rasgada en la espalda de cuando se había atorado con una cerca en un intento de huir de la policía que lo seguía por dormir en el parque. Estaba perdido, tenía frío y tenía hambre y tan sólo doce años recién cumplidos, una madre que lo golpeaba y un padre que lo mandaba a las calles a pedir dinero para comprar alcohol; él sólo quería dormir una noche en un sitio en el que no hubiera gritos y gemidos en la habitación contigua, en un sitio donde no hiciera frío porque las ventanas estaban rotas y había vidrios junto a su cabeza porque no tenía una cama, sólo un trozo de tela en el piso. Él sólo quería dormir donde no fueran a despertarlo a media noche para echarlo a la calle sólo porque su presencia molestaba, un lugar donde quizá pudiera escarbar por un poco de comida en la basura, y el parque estaba solo, no había vidrios en el suelo y alguien había dejado un periódico entero abandonado ahí, y él estaba demasiado cansado para seguir caminando.

Corrió tan rápido como pudo antes de sentir que se asfixiaba con el aire helado entrando en sus pulmones y agujas en las plantas de los pies; tocó a la puerta porque no sabía qué demonios más hacer, ahogándose en sus propias lágrimas y suplicó, que haría lo que fuera si lo dejaban pasar, él sólo quería un lugar donde dormir y un poco de comida y después se iría.



No se fue, porque el hombre que abrió la puerta, lo dejó ducharse, lo alimentó, le dio ropa y una habitación con ventanas que podía cerrar, con alfombra limpia en el piso, una alacena llena de comida, una manta porque era invierno y hacía frío. El hombre que abrió la puerta no le pidió nada a cambio salvo que fuera callado y no desordenara nada, y que los viernes por la noche debía sentarse muy callado en la sala y escuchar. Escuchar la música que hacía sólo con su voz.



Después de un mes las pesadillas se habían ido, ya no se levantaba en las noches gritando, pero aún se despertaba fácilmente con cualquier ruido, y cuando Bushido se dio cuenta de eso le explicó que aquello no era una maldición, que ahora que Bill no confiaba en nadie más que en quien demostraba ser confiable a sus necesidades inmediatas, como lo era Bushido, era capaz de llevar una vida digna de alguien que sufre y tiene derecho a exigir una revancha. Así que le dio un arma y le enseñó a usarla. Le enseñó que en la agonía es lo mismo que en el placer, no puedes recibir sin dar. No necesitaba explicarle que la vida era dura, sólo hacerle entender que no tenía por qué poner la otra mejilla si tenía manos para regresar el golpe.

Y Bill creyó que lo había entendido, porque algo dentro de él le decía que era real, que nadie mejor que él podría entenderlo y que estaría listo si necesitaba regresar el golpe, que nunca más pondría la otra mejilla.



Entonces alguien entró a la casa sin tocar.

Porque la vida es como una puta montaña rusa en donde no puedes ver las curvas porque vas con los ojos vendados, y no pide boleto ni invitación, te jode cuando le parece preciso, y muchas veces es preciso cuando crees que nada podría salir mal.

Probablemente lo olvidó cuando comenzó a retribuir a Bushido lo que hacía por él, cuando las ideas de mantener la guardia alta fueron desplazadas por caricias que se sentían condenadamente bien, cuando la edad fue suficiente para que la libido viniera  sin preguntar. Cuando los besos dejaron de ser de buenas noches para convertir a las noches en maravillosas. Cuando ser amante no era ruidos que escuchabas desagradables en la habitación contigua, sino ruidos que se encerraban con las cortinas corridas y la cabecera golpeando contra la pared, el reflejo de su rostro contraído por el placer en el espejo sobre la cama, o el movimiento de sus caderas cuando cabalgaba y lo podía sentir fundirse en su cuerpo.

Cuando estás en la cima es cuando viene la gran caída y debes alzar los brazos y gritar. Pero Bill no gritó, se mordió la lengua con fuerza y apretó los puños, golpeó la pared y tomó el arma aunque no sentía ni una sola parte de su cuerpo, como si hubiera muerto cuando la sonrisa de Bushido quedó congelada en su cara con la bala entrando por su frente, sus ojos perdiendo el color en un parpadeo, la respiración perdiéndose, y la garganta desgarrada de Bill cuando jaló el gatillo y el hijo de puta que le quitó todo lo que tenía cayó al suelo. Le disparó en un brazo, en una pierna, en el muslo, en el costado, y le disparó hasta que se acabó las balas y entonces tomó el cuchillo que Anis guardaba debajo de la almohada y arremetió contra él, escuchándolo suplicar por su vida hasta que se le acabó la voz.



No supo por qué entró a su casa, y aunque sabía a quién, jamás preguntó por qué.

La vida es una puta montaña rusa que te deja caer cuando vas disfrutando el viaje y tus intestinos se quedan arriba con el impulso del viaje, y no te da tiempo de decir adiós, no te da tiempo de dar un último beso, no te da tiempo de nada. Llega a la puerta sin tocar y puede arrebatarte todo lo que tienes así como te lo dio cuando tocaste una puerta, que si tienes un arma es mejor que sepas usarla. Mientras más alto subas, la caída más te va a doler, pero si te detienes a llorar no consigues nada, debes tocar a la puerta hasta que te sangren los nudillos y no puedas hablar más.




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